jueves, 5 de febrero de 2015

SÓLO UNA NOCHE (RALATO ERÓTICO)

            Pensé que el 6 de junio no llegaba nunca y cada minuto que pasaba me sentía más nerviosa. Por fin llegó el día, bajé del tren casi volando, me dirigí hacia el hotel donde me iba a hospedar. Suspiré…mi mente era un torbellino de preguntas, al fin conseguí convencerla para que me acompañase al evento de esa tarde. Se reunían un montón de escritoras y también, cómo no, de ávidas lectoras.
            Ese día firmaba ejemplares de mi último libro titulado “SOLO UNA NOCHE”, después de que transcurrieran varias horas y finalizase el compromiso para con mis lectoras, me dispuse a ir a descansar un poco a mi habitación.
            Seguía pensando en ella, ¿cuándo la vería? Ella prometió encontrarse conmigo, pero… ¡Cuándo! Me di una ducha y fui a cenar con unas colegas escritoras a un restaurante en Chueca, era el habitual donde cenábamos ya que su servicio era de lo más entrañable y su comida exquisita, además del buenísimo precio que tenía. Después de una velada como siempre…amena y divertida, nos fuimos a tomar unas copas, la verdad que no puedo negar que nos lo pasábamos muy bien. Miré el móvil en varias ocasiones durante la cena, también mientras estábamos por ahí de copas y…nada…¡No podía ser! Ella me dijo que pasaría conmigo ese día.
            Le había ofrecido mi habitación y mi cama sin ningún compromiso y como siempre, Ella, sabía con absoluta seguridad que yo cumpliría con mi palabra y que no haría nada que ella no deseara.
            He de confesar que albergaba un atisbo de esperanza y hacía que ese deseo calara muy hondo en mi corazón, hasta el punto de estimularme y hacer que mi sexo comenzara a excitarse y empezara a mojarse, deseando que apareciera pronto ese amigo juguetón y lujurioso llamado orgasmo.
            La verdad que sí, que había puesto muchas ilusiones en aquella noche, pero…ya la hora que era y sin tener noticias de ella, no me quedaban muchas esperanzas.
            Cuando llegué a mi hotel, por cierto bastante cargadita de copas… a eso de las cuatro de la mañana, pedí la llave de mi habitación y me dispuse a subir en el ascensor, triste y desilusionada, ¿qué habría pasado?.
            Abrí la puerta de mi habitación y… ¡qué vieron mis ojos! Un caminito de pétalos de rosas indicándome por dónde tenía que pasar, finalmente llegué a la cama que claro... estaba cubierta también por pétalos de rosas. Se notaba un olor peculiar, mi mente intentaba procesar e identificar esa fragancia, era…¡incienso!
            Apenas podía ver con claridad, todo estaba oscuro, sólo la luz de las velas impedían que pudiera golpearme, se podía escuchar una preciosa melodía a través del hilo musical, ¡todo era mágico!.
            Mientras intentaba procesar en mi mente todo lo que estaba viendo y sintiendo, fui a darme una ducha a ver si me despejaba de la borrachera que llevaba y comprobara así, que todo eso no era producto nada más que de mi embriaguez.
            Cuando salí del baño y ya sin ningún ánimo, nada más que de querer dormir para poder despejarme aún más, y… acompañada del recuerdo de lo que pudo ser y no fue, la encontré. Estaba recostada en la cama, tapada parcialmente con la sábana dejando al descubierto su pierna, su costado, su hombro y parcialmente su pecho. ¡Yo no podía creer lo que veían mis ojos!
            -¡pero, pero, cuándo, cuándo has llegado, por dónde! –exclamé-.
            -¡chssssss! Déjalo, estoy aquí, acércate y bésame –contestó-.
            Me acerqué  a la cama, me senté junto a ella, mi corazón no podía dejar de palpitar aceleradamente, me preguntaba si ella no lo oiría. Se veía tan bonita… su cabello corto, sus ojos eran marrones y…cuando le daba el sol, se le volvían de color de la miel. Era gordita, pero era mi gordita, risueña, cariñosa y dulce como un algodoncito de azúcar. No es cómo era, sino quien era. Para mí, y… por lo que me hacía sentir era un ser absolutamente inalcanzable, pero allí estaba conmigo, estábamos solas mirándonos a los ojos y conscientes de que nos íbamos a entregar en cuerpo y alma.
            Me desnudó mientras me acariciaba, yo no podía creer que esa mujer pudiera estar conmigo y haciéndome el amor. Cuando me quise dar cuenta ambas bailábamos al son de nuestros deseos y bajo las órdenes de la batuta de la lujuria. La miré, no podía dejar de acariciarla, mis labios recorrieron el dulce paseo que previamente visitaron mis dedos por su pecho, donde pude disfrutar de esos pezones grandes y duros.
            Ella agradecía mis besos y mis caricias con el contorneo de su cuerpo. Sus ojos y sus jadeos me indicaban… ¡¡me suplicaban!! que dejase todo eso y fuera más intensa y… así fue, mis labios navegaron por el mar de su piel hasta llegar a la bahía de su clítoris. Sus caderas y su vientre se contorneaban más… y más…
            -¡Poséeme por favor, no puedo más!
En ese momento me puse el arnés y la penetré muy despacito…muy suavecito, para que ella, mientras se masturbaba con el vibrador, pudiera sentir que empezaba a formar parte de ella y que comenzábamos a transformarnos en una sola, quería que fuera consciente de todo ello.
            Ella cada vez estaba más y más deseosa de llegar al clímax, sus movimientos, sus jadeos hacían que mis movimientos se acelerasen, la cogí por sus nalgas y empecé a penetrarla con más pasión, con más deseo, ambas estábamos a punto de alcanzar ese orgasmo tan deseado y pletórico de sensaciones.
            Y…por fin después de ese baile de pasión y deseo el orgasmo nos invadió, la volví a mirar a los ojos, la volví a besar, esta vez mis besos eran de agradecimiento, agradecimiento por haberme regalado ese momento mágico, su piel, su olor, sus caricias, su sexo, sus miradas. Ella misma entregada a mí por completo, con este pensamiento me quedé dormida entre sus brazos.
            Era mediodía y…¡qué había pasado, no estaban los pétalos de rosa, ni se podía disfrutar la esencia del incienso y…¡tampoco estaba Ella! No entendía nada, me di una ducha y bajé a recepción, para preguntar por la mujer con la que había estado. Me dijeron que no habían visto a ninguna mujer con esas características.
            ¡No lo podía creer…pero si hacía poco que había estado con ella! Volví a mirar mi móvil, intentaba lograr averiguar lo que estaba pasando y…nada, ninguna llamada. Sólo se me ocurría que todo había sido producto de mi imaginación resultado del cóctel de mi borrachera, sumado a la ansiedad que tenía por  tenerla entre mis brazos.
            Pasaron los días, las semanas, yo preguntaba por ella, nadie sabía nada, hasta que un día…y aún sigo preguntándome cómo fue, alguien me dijo que Ella…el día 6 de junio iba camino hacia Madrid cuando en un cruce alguien se saltó una señal y chocó contra ella, siendo su desenlace fatal.
-¡Yo no podía creerlo! ¡Si que tenía intención de encontrarse conmigo, pero no llegó por ese maldito accidente. Ella me lo prometió y en cierta manera ahora que recapacito, su Alma me hizo el amor aquella noche del 6 de junio. Fue mi sueño y fue por UNA SOLA NOCHE… MÍA.



Besitos...

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